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Martha Dominguez 

Con mucho cariño la conocemos como Marthita. Desde que llegó a Pasitos de Luz cuando tenía apenas 8 meses de edad, nos ha demostrado que la esperanza, el amor y la constancia pueden transformar vidas. Cada uno de sus logros representa una victoria que hace algunos años parecía imposible.

Marthita nació con hidrocefalia congénita, agenesia del cuerpo calloso e hidranencefalia, condiciones neurológicas que afectan el desarrollo y funcionamiento del cerebro. Estas condiciones pueden impactar el movimiento, el control muscular, el equilibrio, la comunicación y el aprendizaje, por lo que requieren un acompañamiento terapéutico integral y continuo.

Cuando nació, su familia recibió un pronóstico médico muy difícil. Sin embargo, en Pasitos de Luz creemos que cada niño merece la oportunidad de desarrollar al máximo sus capacidades y escribir su propia historia.

Desarrollo y avances

Cuando Marthita llegó a Pasitos de Luz, presentaba hipotonía muscular generalizada, no tenía control de su cabeza y la movilidad de sus extremidades era muy limitada. No podía desplazarse por sí sola ni interactuar fácilmente con su entorno. Además, mostraba una gran sensibilidad al contacto físico y experimentaba episodios de ansiedad ante algunos estímulos, especialmente los sonidos fuertes.

A partir de ese momento comenzó un programa integral de rehabilitación que involucró Terapia Física, Hidroterapia, Educación Especial, Nutrición y actividades de estimulación multisensorial, siempre adaptadas a sus necesidades.

Con paciencia, constancia y un trabajo coordinado entre especialistas y su familia, Marthita comenzó a responder de manera positiva. Poco a poco desarrolló mayor fuerza muscular, mejoró el control de su cabeza y tronco, empezó a participar con mayor interés en actividades de juego, aprendizaje y exploración de su entorno.

A sus 4 años, Marthita sostiene su cabeza con firmeza, mantiene un mejor control postural y puede permanecer sentada durante períodos prolongados. También ha aprendido a comer de manera independiente y a beber agua por sí sola, fortaleciendo cada vez más su autonomía en las actividades de la vida diaria.

Cada avance de Marthita refleja no solo su enorme fortaleza, sino también el compromiso de un equipo multidisciplinario y el amor incondicional de su familia. Su madre, quien inicialmente llegó buscando apoyo para su hija, hoy también forma parte de Pasitos de Luz, acompañando a otros niños y familias desde diferentes áreas de nuestra institución.

La historia de Marthita aún se sigue escribiendo. Cada día descubre nuevas formas de interactuar con el mundo, aprender y fortalecer su independencia. Estamos orgullosos de acompañarla en este camino y emocionados por todo lo que aún está por lograr.